Leyendo el papel XI

Kiku 菊, el crisantemo, emblema de la Casa Imperial de Japón. Aunque hay diferentes patrones usados en origami, en general aparece como una flor de forma circular con un gran número de pétalos alargados. Es la flor del mes de septiembre.

El crisantemo tiene una gran presencia en la vida japonesa. Es, por ejemplo, uno de los patrones más típicos de las bolas temari 手まり, aparece en los pasaportes japoneses y en más de 150 sellos o mon, siendo el Sello Imperial Japonés, Kikukamonshō 菊花紋章el más importante de ellos. Se representa como un crisantemo dorado de 16 pétalos y otros 16 por detrás de los que solo se ve la punta.

El crisantemo simboliza la longevidad y se dice que entre sus pétalos se esconde el secreto de la vida eterna. Según el Feng Shui, atrae la felicidad y la alegría al hogar. Llegó a Japón desde China durante el periodo Nara (710-793 a.C.) y en seguida fascinó a la Familia Real, que la adoptó como su símbolo.

El día 9 de septiembre, se celebra en Japón uno de los cinco festivales sagrados, el Festival del Crisantemo o Choyo no Sekku. Se remonta al periodo Heian (794-1185 d.C.), cuando se festejaba el paso del verano al otoño comiendo arroz y bebiendo sake con pétalos de crisantemo.

 

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Leyendo el papel X

En el estampado de hoy, podemos identificar dos elementos. Por un lado Sakura 桜, la flor de cerezo con sus cinco pétalos escotados, de la que ya hablé en este post. Y por otro lado, tenemos a Usagi 兎, el conejo.

Hay muchas referencias a los conejos, por ejemplo en el anime o la mitología. Quizás una de las historias más curiosas relaciona a los conejos con la Luna. Y es que si preguntásemos a un japonés qué imagen forman las manchas que se ven en la Luna, no dudaría al responder que se trata de un conejo que machaca arroz con un mazo para elaborar la masa del mochi 餅, un dulce tradicional.

¿Y cómo llegó hasta allí? Pues todo comenzó con un anciano, un zorro, un mono y el propio conejo. El anciano acababa de llegar a una pequeña aldea y, muerto de hambre como estaba, pidió ayuda a los tres animales. El ágil mono trepó hasta lo alto de un árbol y consiguió fruta que entregó al anciano. El astuto zorro se agazapó tras un arbusto y dando un salto atrapó un ave. Pero el conejo no pudo conseguir nada, no era capaz de trepar ni de cazar como sus compañeros. Sintió tal tristeza por el sufrimiento del anciano, que juntó unas ramas para hacer una hoguera, la encendió y se lanzó a sí mismo a las llamas, ofreciéndose como alimento. En ese momento, conmovido por lo sucedido, el anciano reveló su verdadera identidad, pues se trataba ni más ni menos que de un dios. Recogió cuidadosamente el cuerpo y dibujó un conejo en la Luna para que las generaciones venideras no olvidasen nunca el gran sacrificio.

A finales del mes de septiembre, en Japón se celebra el Tsukimi 月見 (que literalmente significa “mirar la Luna”). Las familias y amigos se reúnen al aire libre, en un lugar desde el que la Luna pueda verse con claridad. Se preparan unas bolas llamadas Tsukimi dango 月見団子 como ofrenda a los dioses, hechas con el mismo mochi que prepara el Conejo de la Luna,  y se piden deseos.

La tradición se originó en China y durante el periodo Heian (794- 1185 d.C.) llegó a Japón. En un primer momento fue adoptada por las clases sociales más altas, que la aprovechaban para recitar poemas y festejar con grandes banquetes. Fue en el periodo Tokugawa (1603-1868) cuando la tradición se extendió entre las clases populares.

Este año, el Tsukimi se celebrará el 27 de septiembre.

Leyendo el papel IX

Asanoha

Asanoha

Asa no ha 麻の葉, la hoja de cáñamo, es un patrón tradicional utilizado frecuentemente en los kimonos. En realidad este diseño no surgió como imitación de las hojas del cáñamo, sino como patrón geométrico que solo más adelante se asoció con la planta.

El cáñamo ha sido empleado extensamente en Japón, tanto para elaborar fibras textiles, como papel o cuerda. Es una planta muy fuerte y que crece con rapidez así que este patrón se ha utilizado habitualmente para la ropa de recién nacidos y niños.

“Los padres esperaban que los bebés que lo llevasen se desarrollarían con el vigor y la resistencia de la planta del cáñamo.” El Libro de Diseño Japonés, Kyusaburo Kaiyama

El diseño geométrico se basa en seis diamantes que presentan simetría radial y que se solapan unos con otros formando un patrón repetitivo.

A pesar de ser un diseño bastante común de las culturas asiáticas, solo se ha asociado con la hoja de cáñamo en Japón.