Nautilus pompilius, un fósil viviente

Como zoóloga, hay muchos animales que me apasionan por diferentes motivos: morfología, comportamiento, evolución, adaptaciones… La gran mayoría, de hecho, se podría incluir en una de las categorías. Pero dentro de los diseños corporales, si hay uno que destaca por encima de todos, es sin ninguna duda el del Nautilus.

Un Nautilus, a primera vista, no resulta muy espectacular. Una especie de mezcla entre calamar y sepia con una concha. Una concha bonita con sus bandas atigradas, pero poco más. A primera vista, claro. Porque el diseño más espectacular no se ve. No está diseñado para que se vea. Su función podría parecer simple: flotar más o menos, subir o bajar en la columna de agua. Pero si eres una mezcla de calamar y sepia metida en una concha de la que solo sobresalen unos tentáculos y unos enormes ojos, en realidad es bastante útil.

¿Y cómo se puede conseguir controlar la flotación? Cuando haces submarinismo con botella, te enseñan a regular la cantidad de aire que llevas en el chaleco. Si lo llenas, subes y si lo vacías, bajas. Sencillo. La concha del Nautilus funciona exactamente igual. Su interior está compartimentado en cámaras unidas por un pequeño agujerito, el canal sifonal. El Nautilus vive en la cámara externa, cuando quiere subir, llena las cámaras con aire y si quiere bajar las llena de agua. Esa estructura interna le convierte en un animal realmente fascinante. 

Así que cuando te planteas cómo hacer un Nautilus con mizuhiki, la responsabilidad es bastante grande. Lo primero de todo es pensar qué parte haces, claro. Porque 90 tentáculos son bastantes como para decidir que finalmente no te gusta cómo quedan y descartarlos. Así que decides hacer la concha, que en realidad es la imagen que la mayoría de la gente va a reconocer. Vale, bien. Una concha. Fácil. Una concha que se mantenga sin deformarse, que siga una espiral logarítmica y que esté hecha con hilos de papel… Quizás no va a ser tan fácil como parecía… Bueno, los problemas de uno en uno. 

Lo primero de todo: ¿de qué tamaño? Esa es fácil, a tamaño real. ¿Color? Blanco, claro.  ¿Cómo mantener la estructura sin que se deforme? Habíamos dicho que esa pregunta la íbamos a dejar de momento. Siguiente. La concha va a ser tridimensional, así que ¿qué diseño tendrá la parte exterior? Repasas todas las figuras que has hecho hasta el momento, haces bocetos, tratas de imaginar el resultado y decides que la solución óptima es hacer tiras e ir entrecruzandolas. Arriba, abajo, arriba, abajo. Siempre ha funcionado, en esta ocasión también lo hará.

Finalmente consigues solucionar el problema de mantener estable la estructura, lleva bastante tiempo pero funciona. ¿Cómo? Bueno, el resultado final realmente me gusta, pero me pareció muchísimo más interesante el proceso hasta llegar allí. Las horas dedicadas al estudio de la concha, los bocetos, las pruebas… No encontré ningún trabajo previo de nadie que me diese alguna pista de por dónde empezar a trabajar. Por lo tanto, el diseño entero es mío, de principio a fin. Creo que, igual que ocurre con un mago, cuando se sabe el truco la magia desaparece. Así que dejaré la incógnita en el aire.

Cuando monté la figura, estaba convencida de que el diseño iba a funcionar. Espero que el resultado final refleje, al menos en parte, la belleza de un animal tan increíble como el Nautilus.

 

 

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